De sobra sé que no es el mío
el único sendero que se desdibuja.
Pero había flores secas,
hojas muertas, crepitando
bajo el peso de mis pasos.
Las lágrimas caían
silenciosas, angustiadas
como gotas de rocío
( y me las doy de que no lloro)
Te buscaba,
te llamaba
entre la niebla te adivinaba
y no me oías.
El invierno y el letrago
de las flores ya se han ido.
No sé si tal vez pasé a tu lado
pero el paño del espejo,
empañado por el frío,
te ocultaba, te apartaba,
de la sangre que dejaba
coagulada en las esquinas
y de las letras que perdidas
no dibujan ya los versos.
y de las letras que perdidas
no dibujan ya los versos.
Ya no hierve mi alegría
y una gris melancolía
se derrama por mi plana
geografía. Una llama
se ha apagado.
No me queda
ya ni el humo, y el recuerdo,
como débil brasa oscura,
languidece.
El telón ha descendido.
La mariposa se ha muerto
y la primavera, por la espalda,
me ha vencido.

No hay comentarios:
Publicar un comentario